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FUCKING

Se retiró hacia atrás y le observó. Estaba boca arriba en el suelo, los brazos atados a la espalda lo que le obligaba a torcer todo el cuerpo un poco hacia su izquierda. Tenía los ojos cubiertos por una ancha venda negra y estaba completamente desnudo. Se veían muy bien sus tetas enrojecidas y surcadas por unas hermosas rayas muy rojas. Una enorme erección hacia que su polla descansara a duras penas sobre el vientre.
Se sintió chorrear con la visión de aquel hombre atado, recién azotado y a su entera disposición. Adelantó un poco su pie descalzo y jugueteó ligeramente sobre el pene erecto que palpitó y se enderezó aún más. Presionó un poco hacia abajo restregando el talón a todo lo largo, empezó a darle pequeños toques con la punta de los dedos haciéndola desplazarse a derecha e izquierda, por fin plantó el pie a todo lo largo de la erección y apoyándose con fuerza hizo restallar de nuevo la fusta que se descargó por sorpresa una vez más sobre las tetas enrojecidas. La sorpresa le hizo gemir y ella se inundó aún más de jugos mientras sentía la polla moverse con fuerza bajo su pie.
Durante la primera parte del castigo él se había mantenido de pie, con las manos a la espalda, las piernas un poco abiertas, y ella había azotado a conciencia todo el torso por lo que ahora los pezones estaban muy hinchados y toda la zona palpitaba cubierta de un bonito color rosa oscuro. Luego ella le había ordenado tumbarse en el suelo, tal como estaba ahora, quería verlo aún más indefenso, reducir su capacidad de reacción, las manos atadas le dificultaban cualquier movimiento y la venda en los ojos hacia imposible que él pudiera prever los movimientos a su alrededor.
Ahora si se apartó y volvió a observarle con detenimiento. Él se encogió un poco, probablemente esperaba un segundo fustazo, un tercero y quien sabe cuantos, pero ella se limitó a inclinarse y hacerle rodar sobre si mismo con las dos manos. Quedó boca abajo, le metió la mano entre las piernas y tiró de su polla hacia atrás, él gritó, y la erección pareció reducirse. Ahora podía verse la polla asomando entre los glúteos, con el mango de la fusta le obligó a abrir las piernas hasta el máximo posible, con lo que quedaba aún más expuesto. Trazó dos líneas en el suelo al lado de cada pie por la cara interna.
-Esta es tu posición ahora -le dijo- cualquier alteración será castigada ¿has entendido?
-Si mi señora -
La fusta volvió a silbar y se descargó sobre la nalga derecha, sobre la izquierda, de nuevo sobre la derecha. Él hacía esfuerzos, a veces inútiles, por no moverse, le sentía jadear, con la cara enterrada en el suelo. Las nalgas empezaban a adquirir el color que antes tanto le había excitado sobre las tetas. Siguió azotándole durante mucho rato las nalgas y la cara interna de los muslos muy abiertos, mientras él luchaba por mantener la posición marcada. Empezaba a contar y reiniciaba la cuenta cada vez que él perdía la posición. Sólo hasta que consiguió mantenerse inmóvil durante veinte fustazos seguidos ella no se dio por satisfecha.
Entonces, le aprisionó con las dos manos las nalgas enrojecidas que temblaban un poco, jugueteó un rato con ellas abriéndolas con fuerza hasta el tope y volviendo a cerrarlas, podía ver como el anillo anal, palpitaba con fuerza, entonces manteniendo las nalgas bien abiertas dejó caer un líquido en su agujero que él sintió muy frió penetrándole apenas y resbalando por su raja hacia los testículos y el pene aprisionado en aquella dolorosa posición.
-¿Crees que puedo hacer algo con este agujero?- le preguntó, su voz sonaba firme pero tenia un ligero toque de ironía
-Follarlo mi señora si usted lo desea
-Es posible que lo desee pero ¿que es lo que tú deseas?
-Folleme señora, deseo que me folle como le plazca se lo ruego
Ella metió dos dedos hasta el fondo de un mismo golpe, el anillo se contrajo con fuerza casi al mismo tiempo
-Así?
-Si mi señora fólleme como desee -le costó articular debido a la sorpresa del dolor- deseo que me folle señora, mi culo esta completamente a su disposición.
-Sé que está a mi disposición, pero no te oigo pedírmelo con verdadero deseo
Sacó lo dos dedos y los volvió a meter incluyendo ahora un tercero. Él ahora si gritó, sintió como si su entraña se partiera.
-Deseo que me folle señora por favor, deseo sentir su mano completamente dentro de mis entrañas, se lo ruego siga follándome -le costaba articular las palabras, la postura se lo hacia difícil y el terrible dolor en su interior casi no le dejaba respirar.
Ella introdujo sus dedos cada vez más, muy despacio ahora, lentamente sintiéndole palpitar alrededor de su mano. Sentía las paredes del ano húmedas y calientes, comprimiendo con fuerza sus dedos. Observaba como él hacia esfuerzos por mantener las piernas en la posición que le había marcado, mientras su mano le penetraba cada vez más, ahora sólo jadeaba, absolutamente entregado a la sensación de ardor y placer instalada en sus entrañas. Ella sacó lentamente la mano, hasta que la posición le permitió meter el cuarto dedo, los cerró estrechamente y volvió a introducir la mano poco a poco, lentamente, hasta el fondo, sintiendo el latido del deseo de él entre sus dedos. Adentro y afuera, muy despacio. Casi había entrado del todo así que la mantuvo unos segundos encajada hasta el fondo y la sacó de un golpe, volviendo a arrancarle un gemido, casi un grito.
-Gracias mi señora- susurró sin levantar la cara del suelo.
Estaba muy excitada, y pensó que era un buen momento para un primer orgasmo. Volvió a girarle y le colocó boca arriba de nuevo a sus pies. Se acuclilló sobre su cara y sentándose casi sobre él, empezó a restregar su coño completamente húmedo con fuerza sobre su boca, su nariz, sus ojos. Le dejó lamerla a duras penas mientras ella seguía restregándose con fuerza, usándole como un consolador húmedo y caliente. Sujeta a sus pezones para no perder el equilibrio, con los ojos cerrados se corrió salvajemente, inundándole la cara con el chorro de sus jugos.
En el momento de abrir los ojos pudo ver como él había recuperado la erección de una forma brutal.
Desde luego aún no le iba a permitir correrse. Su entrenamiento como esclavo no había hecho sino comenzar.

Ama J

 

 

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