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EL BDSM EN EL CINE
Desde que lo inventaron los hermanos Lumière, el cine descubrió que la vida era una buena fuente de argumentos para hincarle el diente.
Así, enseguida se independizó de sus padres, y creó un mundo paralelo al vital, en el que ocurrían cosas sospechosamente parecidas.
De ese modo, los sentimientos no tardaron en hacer su aparición y los personajes del cinematógrafo comenzaron a disfrutar, sufrir, gozar o padecer del mismo modo que los personajes de la vida real.
La dominación-sumisión o sadomasoquismo, al igual que otros sentimientos o sensaciones, está, pues, unido al cine desde prácticamente los comienzos de éste.
La pobre muchacha que pasa por montones de penurias, entre ellas los castigos físicos y psíquicos, hace enseguida su aparición, y directores como Griffith o Vidor (en su etapa muda) utilizan ese tipo de personajes.
En las películas cómicas, verdadero filón de la etapa silente, todos podemos recordar los tremendos golpes a que se someten sus protagonistas, que anuncian ya que los seres del celuloide tienen las mismas manías que aquellos de la vida real a los que emulan.
No podemos olvidar que, como ejemplo de pareja SM, Laurel y Hardy no tienen desperdicio. El orondo Oliver suele someter a todo tipo de vejaciones a su compañero y sin embargo amigo Stan, aunque todo le suele salir mal y es el bueno del "flaco" el que acaba saliendo indemne de todo.
Este planteamiento se repetirá hasta la saciedad en un género considerado infantil y que, probablemente, es el que guarda más escenas sadomasoquistas en la historia del cine: Los dibujos animados.
¿Quién no recuerda al gato Tom, después de intentar acabar con el ratón Jerry a toda costa, acabar siendo literalmente el esclavo de su enemigo? Y, por extensión, nos vienen a la memoria personajes de los dibujos como Popeye (Brutus como su alter ego), el coyote de la Warner Brothers (con el correcaminos como enemigo natural) y cientos de "dibus" que pueblan nuestras memorias infantiles.
Y, hablando de géneros, el BDSM ha hecho incursiones en todos. Desde el melodrama (Bette Davis era una mala impagable) hasta el cine de autor (los fetichismos de Luis Buñuel, por ejemplo). Desde el terror (los vampiros y su soslayado carácter sexual, puesto en evidencia a partir de los cincuenta con la irrupción de la Hammer británica como productora. El momento de la seducción y la mordedura equivale a la sumisión sexual de la víctima), al western (los sadismos de grupos de vaqueros contra sus enemigos), desde la ciencia ficción (argumentos heredados del cómic estadounidense, con las reinas malas consabidas y los emperadores galácticos y tiranos) hasta la comedia (el slapstick de Jerry Lewis y su ineptitud ante el género femenino).
Pero incluso, el BDSM ha llegado a crear subgéneros que, en películas de serie no ya B sino Z, son fácilmente reconocibles. Las cintas carcelarias, con el sadismo entre presos y presas, son el mejor ejemplo de ello. E incluso han llegado a lanzar a la fama a diversas estrellas (por ejemplo, Dyanne Thorne, opulenta canadiense especializada en ejercer de "Tigresa de Siberia" o "Dominadora tibetana" si se tercia).
Incluso en el cine más popular de países de habla ibérica, como México o Brasil, los héroes se enfrentaban a perversos hombres y malignas mujeres en títulos tan sugerentes como "Las luchadoras contra la momia" o "Esta noche me reencarnaré en tu cadáver".
Repasando los orígenes del BDSM y dejándonos guiar por sus autores literarios emblemáticos y que dieron origen al nombre de sadomasoquismo, el Marqués de Sade ha visto cómo eran adaptadas sus obras al cine en innumerables ocasiones. Desde su "Justine" hasta la durísima "Salo o los 120 días de Sodoma", ésta última quizá la mejor adaptación del tema que se haya hecho, aunque con un trasfondo político y social que la elevaba muy por encima de otras adaptaciones. Sacher Masoch ha visto también adaptadas muchas veces sus obras, en especial la mítica "La venus de las pieles", pero ninguna de esas adaptaciones ha sido un hito en la historia del Séptimo Arte.
Hay autores que han hecho del SM una constante y en casi toda su obra hay signos del tema; un ejemplo es el prolífico y desigual Jess Franco, que aún hoy continúa con sus fijaciones y con sus filmes.
En los últimos años, la estética del SM ha hecho furor y ya ha dejado de ser privacidad del mundillo SM para ser aceptada mayoritariamente por la sociedad. Hasta en los "thrillers" televisivos más comunes, priva una estética fetichista, sobre todo en el aspecto de los personajes femeninos, que ya ha acostumbrado al público tanto que, en la calle, podemos ver a muchas mujeres de diferentes condiciones sociales, ir vestidas, al menos en parte, de cuero.
La chica -o el chico- atada a la cama mientras hacen su escena de amor, ya no es una imágen exótica. Alguien esposado en momentos íntimos ya no extraña. Un acto sexual con cierta violencia, se pasa por televisión en horario infantil. La estética del SM ha llegado a todos los rincones.
Pero, sin embargo, cuando alguien habla de una dominadora o un dominante, la sociedad sigue recurriendo a la "Dómina" vestida de cuero, enmascarada y con látigo en la mano. O al dominador vestido de semejante guisa y, si puede ser, con barba tupida. Siguen siendo, si no los malos, sí los raritos de la película.
En cambio, si la situación SM es reconocible pero sus protagonistas van vestidos de forma común, la mayoría de la gente no ve en ello ni el menor atisbo del género. Siguen haciendo falta las "indicaciones" constantes, como si fuéramos niños pequeños.
Un film como "Nueve semanas y media" está considerado por todos como de fuerte carga erótica y suele haber gustado a la gente... pero pocos hablan de él como algo de temática SM. Y lo es totalmente. Aunque la película sea un vídeo clip estéticamente muy bonito y no profundice en los sentimientos de sus protagonistas; en cambio, la novela que dió origen a la película, es muy superior en calidad proporcionalmente en la literatura a lo que el film lo es en el cine.
Para los amantes de títulos concretos, haremos un pequeño repaso de películas de temática inequívocamente SM. Puede que muchas otras tengan momentos o puntos determinados de contacto con el género (toda la filmografía de Buñuel los tendría, por ejemplo), pero ahora mencionaremos las más encuadrables.
Emmpezando por uno de los padres del género, Pierre Marchou adaptó "La Venus de las pieles" al teatro con una estética de iluminación y montaje muy cercana al cine; Rachel Salik interpretó a Wanda Von Dunajew.
En cine, la más famosa Wanda fue Laura Antonelli en un pastiche italiano de 1968, en el que el oportunismo erótico sustituía al sentimiento de dominación/sumisión.
"Trahison sur commande" (George Seaton, 1962), aunque en breves secuencias, ilustraba perfectamente el sentido del SM con una Ingrid von Bergen como dominadora suculenta.
La escatología convertida en "self service", era la ilustración de una Divine más cutre que nunca, en la provocadora "Pink Flamengos" de John Waters (1972). El mismo Waters utilizaba (y lo sigue haciendo) a una actriz llamada Mink Stole (estola de visón), especializada en sus primeras colaboraciones en fetichismo del pie femenino.
En "La chatte japonaise" (Yasuzo Masumura, 1967), un alto funcionario estatal anda loco por ser cabalgado por una joven.
"Le Balcon", Joseph Strick, 1963, adapta una obra teatral de Jean Genet con fuerte carga sadomasoquista, aunque prima el aspecto intelectual.
En "Diabolicament votre" (1968), Peter Mosbacher sucumbe a los encantos de Senta Berger y se entrega totalmente a ella.
"Noviciat", de Noël Bursch, explica otro caso de dominación femenina y fascinación masculina.
"Keyhole world" (1966, Howard Horne) explica como en un catálogo varios tipos de tendencia sadomaso.En "Le dernière femme" (Marco Ferreri, 1976), un Gérard Depardieu bastante atolondrado acaba con su masculinidad.
En "Cul-de-sac", la extraordinaria película de Roman Polanski (1966), Françoise Dorleac tiene completamente dominado a su compañero (un insuperable Donald Pleasence) y le ridiculiza haciéndole travestirse de mujer.
En "A clockwork orange", la adaptación de la célebre novela al cine por Stanley Kubrick (1971), la violencia sadomasoquista está tanto en las actuaciones de los cuatro gamberros como en la reinserción social a la que es sometido el personaje de Malcolm McDowell.
En el semidocumental "Sex O´clock U.S.A." (1976), el SM es presentado de forma explosiva como desviación en el mundo moderno.
"Exhibition 2" (Jean-François Davy) va más allá que su primera parte y presenta dentro del cine decididamente porno a una dominadora.
Quizá la estrella del SM en su vertiente de dominación femenina sea "Maîtresse" (Barnet Schroeder, 1976), en la que una inolvidable Bulle Ogier ejerce de dómina profesional cuando, en medio de una de sus sesiones, entra un ladrón sospechosamente parecido a Gérard Depardieu. Del encuentro entre ambos saldrá una de las películas más interesantes dedicadas al tema.
Otra esplédida película es "Servante et Maîtresse" (Bruno Gantillon, 1976), en el que una criada pasa de la noche a la mañana a ser la Señora de la casa y quiere someter al sobrino de su antiguo dueño. Andréa Férreol (ya famosa por su participación en el film de Ferreri "La grande bouffe") y Victor Lanoux son la pareja protagonista.
"Dorothea" (Peter Fleischmann, 1973) es una de las aportaciones británicas al tema, dejando aparte la espléndida "The servant" de Joseph Losey (1963), probablemente la historia más redonda de la dominación-sumisión.
En "What?" (Roman Polanski, 1972), debut de la actriz Sidne Rome, bajo un relato surrealista se esconde una fuerte carga de SM.
Theda Bara ya había iniciado al personal con sus artes de vamp en 1917. Pero es Carmine Gallone con su episodio de la lujuria en "Los siete pecados capitales" (1918) el que habla más claro ya sobre los temas eróticos.
Y la cumbre de la sumisión cinematográfica se produce en 1930, cuando las célebres piernas de Marlene Dietrich seducen y someten a un cultísimo profesor interpretado por Emil Jennings.
En "Et Dieu crea la femme", Curd Jurgens queda cautivado por la belleza del cuerpo desnudo de una Brigitte Bardot joven.
En los seriales, también se llevaba mucho el sadomasoquismo. En "The mask of Fu Manchu" (Charles Brabin, 1932) una Myrna Loy asiatizada coleccionaba esclavos con permiso de su sádico padre Fu.
En "Metropolis" (Fritz Lang, 1926), el fetichismo y la robótica se dan la mano en una vamp digna de Isaac Asimov, Brigitte Helm.
Louise Brooks tiene a todos los hombres a sus pies en "Loulou" (G.W. Pabst, 1929).
Mae West ejerce de vamp "distinta" en sus películas y su modo de tratar a los hombres es más una premonición de la liberación femenina que de SM.
En la extraordinaria "Sunset boulevard" (Billy Wilder, 1950), la inmensa Gloria Swanson nos presenta la decadencia de una "dominadora".
Eizabeth Taylor también sabe lo que es ejercer de dominadora ("Reflects on a golden eye", John Huston, 1969) o de dominada ("X, Y, Zee", Brian G. Hutton, 1971).
La obra teatral "La Señorita Julia", de Strindberg, ha sido una de las más adaptadas al cine de su autor. La sumisión inicial de un criado pasa a ser dominación de la patrona a través de la seducción (Alf Sjöberg, 1951, es posiblemente la versión mejor de la obra en cine).
En "Arabesco" (Stanley Donen, 1956), Sophia Loren es la "esclava" de un excéntrico millonario fetichista del calzado femenino.
En "Sweet movie" (Dusan Makavejev, 1975), el masoquismo se disfraza de coartada intelectual y resulta de lo más pueril.
Fellini aporta al tema momentos espléndidos de su filmografía, tanto en "Otto e mezzo" (1963), como en "Giuletta degli spiriti" (1965) o "Satyricon" (1969).
En "Love from a stranger", Sylvia Sidney se somete por completo a un John Hodyak de lo más duro.
Fellini también retrata la sumisión de la mujer en "Casanova" (1975).
"Belle de jour" (Luis Buñuel, 1966) está enteramente dedicada a la sumisión femenina, y convierte una mediocre novela en una inolvidable película.
En "Portero de noche", Liliana Cavani rememora a través de su protagonista las delicias masoquistas y la reencuentra con su verdugo.
En "La Prisonnière", H.G Clouzot se adelanta al William Wyler del "Coleccionista" explicando una historia semejante.
Antes hemos hecho referencia al "Sirviente", en la que asistimos a una dominación-sumisión entre dos hombres. Como ejemplo de homosexualismo femenino en el tema, Rainer Werner Fassbinder nos dió una lección con su "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant" (1972).
La imágen que elegiría como representación de la dominación femenina en el cine es la de "Queen Kelly" (Erich Von Strohein, 1928), con la Reina flagelando a una entregada Gloria Swanson a sus pies.
Las películas de romanos, de gladiadores, religiosas con los cristianos perseguidos y flagelados, los santos crucificados, las películas de conventos, los peeplums, los superhéroes, los vampiros... hay SM en muchos de los fotogramas que se han hecho hasta hoy.
Aunque esa memoria colectiva olvide a veces que el BDSM está presente siempre en el cine... está presente siempre en la vida.Martín Hache.
Barcelona, 14 de abril de 2000
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