Queridos Cibernautas, esta es una carta que
envié fuera de España para una revista y donde tuve
el honor de ser entrevistada.
La pregunta que siempre se repite en cualquier
entrevista a una Mistress profesional es aquella de... ¿como
empezaste en la escena SM?...
Las respuestas suelen ser de dos tipos: Una, la políticamente
correcta, es que desde pequeñita has sido muy mandona, te has
sentido superior a los hombres, has sido líder en tu grupo
de amiguitas, jugabas a indios y vaqueros, a policías y ladrones,
a piratas y siempre eras tú la que lo dirigías todo,
los demás niños y niñas obedecían sin
rechistar y veían en ti a un ser superior al que rendían
pleitesía. Pasaron los años y entonces, te diste cuenta
de que tu destino no era otro que el de la dominación femenina,
por lo que para interpretar tu papel tan anhelado de dueña
y señora de almas masculinas decidiste montar el correspondiente
gabinete o "dungeon".
La no tan correcta, pero me temo que mucho más sincera en la
mayoría de los casos, es aquella otra de una mujer joven, que
por circunstancias de la vida se ve sola y necesitada en todos los
sentidos y que descubre en el BDSM profesional una solución
económica satisfactoria que además le evita llegar a
la prostitución pura y dura.
Mi situación fue la segunda, aunque es cierto que de pequeñita
era muy mandona ( igual que de mayor) y que me gustaba jugar mucho
más a juegos de niños que con estúpidas muñecas
y disfrutaba obligando a los chiquillos de mi edad a obedecerme.

Así que con veintitrés años me encuentro por
primera vez en un recién inaugurado gabinete de BDSM en Barcelona,
vestida con un traje escotado de cuero que aun conservo y descubriendo
por primera vez en mi vida (bastante inocente hasta entonces) que
señores que podían perfectamente ser mi padre por edad,
se postraban ante mi para que hiciese realidad sus más ocultas
fantasías.
En esa época, debo reconocer que lo que hoy me atrae y realiza,
me producía entonces auténtico rechazo y hasta cierta
repulsión.
Pienso ahora en las torpes sesiones que ofrecía, los tontos
insultos que con voz monocorde les soltaba, intentando demostrar en
todo momento una autoridad y una seguridad de la que sin duda carecía.
Los malos humores y frustraciones que descargué sobre sus pobres
espaldas con mi látigo y mis uñas. Y en cambio, supongo
que por mi juventud, lo aceptaban todo con naturalidad y como una
parte más del juego disculpaban mi ignorancia e incluso, agradecían
mis excesos.
Pasaron los años y cientos de esclavos, que en cada sesión
dejaron un trocito de si mismos en forma de sueños y fantasías
realizadas, de ellas, yo me alimentaba con avidez, aprendiendo a moverme
perfectamente por ese mundo de sombras y fantasmas. Decidí
entonces darle forma y nombre al personaje que me ayudaría
a interpretar mejor los ocultos deseos de todas aquellas personas
que venían a visitarme y me inventé a Dómina
Zara, con su uniforme, su gorra, su aspecto imponente e incluso le
puse una determinada mirada, entre divertida y arrogante para darle
mayor credibilidad. Y ese fue mi instrumento a partir del cual levanté
lo poco que tengo, mi Escuela.
Y entonces sucedió algo para mi definitivo, que me hizo cambiar
totalmente. Fue hace ya trece años... Un buen día llaman
a mi puerta y entra un chico, en aquel momento para mí un esclavo
más. Aún no se como, pero nos enamoramos locamente.
(Y yo, que me había jurado a mi misma que jamás tendría
una relación con un esclavo). Primero tuvimos miedo de interpretar
el rol de Ama y sumiso en nuestra vida en pareja, por si pudiera deteriorar
nuestra relación de alguna forma; pero los hechos son tozudos
y no nos quedó más remedio que enfrentarnos a dicha
situación. Hoy puedo decir que funcionó perfectamente,
que se pueden separar las dos facetas y aunque en el juego él
pueda ser mi esclavo, en todo lo demás es mi marido, pues así
lo hemos decidido los dos.
Debo confesar que gracias a él, mi visión sobre el SM
cambió totalmente, y es que al principio sólo era para
mi una forma divertida de ganarme la vida, disfrutaba mucho, eso si,
siendo servida y obedecida y aplicaba mi poder sin demasiadas contemplaciones,
pero siempre como algo ajeno a mi, como simple espectadora privilegiada
de una obra interpretada por extraños.
Fue al compartir con mi marido sus fantasías cuando descubrí
lo humanas y cercanas que eran, el fondo romántico de muchas
de ellas y comprendí también a valorar realmente lo
que hacía, lo mucho que podía ayudar a los demás
a descubrirse a si mismos, aliviarles, liberarles de tantas culpas
y complejos y acompañarles en sus sueños para hacerlos
realidad en la medida de mis posibilidades. También me di cuenta
de lo que han tenido que sufrir en mi País, las personas con
una sexualidad diferente a la convencional.
A partir de ese momento, ya no tuve bastante con permanecer encerrada
en mi Escuela y me convertí durante mucho tiempo en el único
testimonio público del BDSM en España y me equivoqué,
vaya si me equivoqué...
He escrito decenas de artículos, he posado para un montón
de fotógrafos, he contestado a todo tipo de preguntas y todo
ello ha sido muchas veces tergiversado y manipulado para convertirlo
simplemente en un circo. La verdad no le interesa a nadie y el BDSM
no es para los medios de comunicación más que una confusa
colección de perversiones y parafílias realizadas por
enfermos mentales y su interés se reduce simplemente a que
son un recurso magnífico para aumentar ventas a coste cero.
Lo peor es que en España, algunas revistas alternativas e incluso
del mundillo SM tienen el mismo comportamiento, no quieren saber nada
que se aleje de los consabidos tópicos sobre el tema y desprecian
sutilmente a las Mistress profesionales, salvo, naturalmente que poses
gratis para ellos como modelo y aceptes humildemente tu condición
de simple puta con un látigo en la mano.
Equivocaciones y malas experiencias al margen, hoy por hoy me siento
muy satisfecha con lo que hago, mi trabajo me realiza y me ayuda a
mantener un determinado nivel de vida.

Las mañanas son exclusivamente para mí, voy
al gimnasio, hago deporte, aprendo inglés, etc...
Cuido mucho mi cuerpo y su equilibrio, de mi alimentación hace
ya tiempo que eliminé la carne y las grasas e intento seguir
una dieta sana con mucha fibra, frutas y verduras.
Práctico fitness según la agotadora tabla de ejercicios
que me impone mi entrenador, prácticamente no pruebo el alcohol.
Mis aficiones son muy sencillas, me gusta oír música,
leer, ver una buena película, perderme en vacaciones por los
pueblecítos de montaña... Disfrutar en compañía
de mis hijos, pero también salir a bailar con mi marido y nuestras
amistades, viajar junto con otras parejas de gustos afines a Londres,
París o Ámsterdam y comprar ropa fetichista en Demask,
Expectatios, Paradiso o Mr B y asistir a pequeñas fiestas de
código en esas u otras ciudades de Europa, coincidiendo casi
siempre con buena gente, de cuya amistad me enorgullezco.
Por mi Escuela han pasado tantos esclavos en estos veinte años...
Algunos sin pena ni gloria, se fueron sin dejar rastro, otros simplemente
pasaron de largo, después de comprar una hora de fantasía.
Y unos pocos no quisieron salir y se quedaron, son los más
valientes y a ellos me he entregado en cuerpo y alma. Otros desaparecieron
físicamente, pero no de mi corazón... Quiero creer que
también yo les he dejado a todos un trocito de mi misma.
Han pasado algunos esclavos no españoles; principalmente franceses,
alemanes e ingleses , también algún italiano, norteamericano
o australiano y como anécdota exótica la visita de un
ciudadano árabe ¿tal vez un príncipe?...
Respecto a los gustos, prácticamente no he detectado diferencias,
mucha sumisión, castigo de todo tipo, fetichismo, bondage...
quizás una mayor preferencia por el látex y los juegos
de claustrofobia entre los visitantes alemanes e ingleses y por supuesto,
el idioma nunca ha sido una frontera, todo el mundo se hace entender
a la perfección y por la cuenta que les trae siempre saben
interpretar correctamente todas mis órdenes.
Hay muchas situaciones que me gustan en una sesión; en principio
prefiero al esclavo que transmite sus sentimientos que a la simple
estera que aguanta estoicamente cualquier castigo. Me gusta que sientan
escalofríos si les rozo la espalda con mis manos enguantadas,
ver sus miradas de éxtasis, sus temblores, que griten, que
se liberen...
Soy capaz de disfrutar aplicando spanking sea con fusta, bastón
o látigo si el esclavo realmente me hace su cómplice,
si se entrega confiando ciegamente en mi. Pero lo mismo podría
decir de una sesión de disciplina del pie o de trampling.
Los límites los pacto siempre de antemano y lo único
que por múltiples razones me niego a realizar es la escatología.
Mi Escuela se halla situada en un barrio céntrico de Barcelona.
En el mismo ambiente unos días determinados se celebran fiestas,
y reuniones.
Se compone de ambientes diferenciados; bar, una zona de adoración,
fetichismo y bondage, para adiestramiento canino y equino, una zona
de castigo de decoración agresiva, con jaulas, potros, cruces,
cepos, equipo de suspensión... la zona de trampling, la medical,
un camerino, una pequeña mazmorra, mi despacho privado y una
reducida biblioteca y videoteca. Y por supuesto, un gran apartado
para todo mi vestuario y atrezzo personal. También produzco
y dirijo mi espectáculo "Fetish Café", donde
escenificamos pequeñas fantasías fetichistas en directo,
haciendo cómplice al espectador.
Mis proyectos de futuro son entre otros poder seguir aportando mi
granito de arena, para conseguir que el SM en España sea una
opción sexual tan respetable como cualquier otra, haciendo
caer de paso los tópicos que tanto daño nos han hecho
y demostrando desde el respeto más absoluto que somos una parte
de la ciudadanía de este país y que tenemos todo el
derecho a ejercer con normalidad nuestra libertad más íntima.
Por ello, he aceptado asistir a múltiples debates y conferencias,
también en el ámbito universitario, para dar a conocer
otra versión del BDSM.
Dómina Zara